Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Tenía razón, en efecto: era La Máscara, armada como de costumbre de la cabeza a los pies. Avanzaba con paso regular y firme en dirección al Landgrave. No era seguro que hubiera visto a Su Alteza, que se encontraba semioculto en la sombra de un gran armario. Al Landgrave no le cabían dudas sobre sus intenciones. Era un príncipe de nervios templados y de gran valor. Sin embargo, como participaba de las supersticiones de su época, no cabía esperar que pudiera ahogar completamente un sentimiento de aprehensión mientras contemplaba el solemne paso de un ser que, por algún medio desconocido, había secuestrado a tantas personas de tantas casas, la mayoría de ellas preparadas para defenderse y protegidas por muros de piedra, cerrojos y rejas.