Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Este estado de cosas lo había provocado la terrible Máscara, secundada, sin duda, por aquellos a los que había envalentonado y rebelado dentro de la ciudad. Para culminación de todo aquello, cada día quedaba más clara la enorme importancia que tendría Klosterheim como centro y clave de la próxima campaña. Una elección quizá premiara los servicios del Landgrave en la pacificación familiar, si se le podía presentar a la Dieta alemana como dueño de facto de Klosterheim y de sus dependencias territoriales, y con algún dominio imperfecto de jure. Es más, podía esgrimir el mérito de haber ofrecido a este Estado, tan importante por su situación local, la posibilidad de ser aliado gustoso de los intereses suecos. Pero para conseguirlo era condición necesaria el voto libre de la ciudad, y el Landgrave se encontraba cada vez más lejos de obtenerlo debido a las maquinaciones de La Máscara.
El humor del príncipe empezó a resentirse bajo aquel cúmulo de provocaciones. Un enemigo que siempre buscaba en sus golpes el efecto más mortífero, siempre apuñalando en la oscuridad, pero hechizado y a salvo de toda venganza, ¡siempre visto, pero nunca hallado! El Landgrave rechinaba los dientes y cerraba los puños con espasmos de furor. Discutía con sus ministros, juraba con los oficiales, maldecía a los centinelas y por Klosterheim corrió el rumor de que le había pegado un puntapié a Adorni.