Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara De ese modo, los conspiradores o sospechosos de conspirar no podían ser juzgados o castigados sin juicio. Cualquier chispa de nuevo descontento que cayese sobre el populacho no tardaría en estallar. Surgieron nuevos conspiradores, esta vez reales. La Universidad y la ciudad hervían de intrigas. El gobierno del príncipe estaba agotado con el trabajo cada vez mayor de descubrirlas y desbaratarlas. Y, poco a poco, las cosas llegaron a tal punto que el control de la ciudad, aunque en manos del Landgrave, sólo se sostenía por la pura fuerza militar y a punta de espada. Se temía que en poco tiempo, con estos brotes de odio del populacho y un cuerpo tan numeroso de estudiantes militares para dirigirlo, el poder, tan equilibrado, se decantaría en contra del gobierno del Landgrave. En el mejor de los casos, Su Alteza no podía esperar nada de su cariño. Todo lo que no pudiera lograr por la fuerza se podía dar por perdido.