Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara —Señor, hace apenas un momento que me previno de que me encontraba al borde de la traición. Mire por su propia seguridad, pues las miradas de algunos que veo por allá son peligrosas.
—Joven caballero —replicó el otro desdeñosamente—, supongo que es usted estudiante. PermÃtame aconsejarle que vuelva a sus libros. Allà estará en su elemento. En cuanto a mÃ, estoy familiarizado con caras tan furiosas como esas, y con manos aún más terribles. Créame, no veo aquà a nadie —y aunque afectó hablar con una frialdad impertérrita, su voz tembló de pasión— que estime siquiera digno de la consideración de un soldado.
—Y sin embargo, coronel Von Aremberg, hay entre nosotros al menos uno que ha tenido el honor de tener bajo su mando a hombres de tan alto rango como usted.
Y diciendo esto sacó del pecho una lámina de ónice extraordinariamente bella que llevaba colgada del cuello, y en la que estaba esculpida en una de sus caras un rostro sorprendente, mientras que en la otra, que mostró al coronel, habÃa una delicada imagen de un águila arrastrándose en el polvo y abriendo sus alas, con una sola palabra como lema: Resurgam.