Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Nunca se reflejó con tanta rapidez la expresión de repugnancia en un rostro humano. El coronel sólo miró una vez, vio la imagen del ave arrastrando sus alas por el polvo, oyó la palabra Resurgam pronunciada en voz alta, y se le mudó el color. Sus labios se tornaron lívidos de pasión, desenvainó furiosamente la espada y saltó sobre su pacífico oponente, olvidándose del tiempo y del lugar. Con perfecto dominio de sí mismo, Maximiliano desvió fácilmente los poderosos golpes del coronel, y podría haberlo desarmado sin mayor problema. Pero en ese momento, la multitud, reprimida hasta entonces por los estudiantes más solícitos, perdió el control. En el ataque violento a su héroe y caudillo vieron claramente la confirmación plena de las peores impresiones que habían recibido del temperamento e intenciones del coronel. Varios de ellos se apresuraron a ejecutar una venganza sumarísima. El primero, un mecánico de Klosterheim que destacaba por su fuerza hercúlea, tumbó de un solo golpe a Von Aremberg en el suelo. Un aullido salvaje anunció el terrible destino que pendía sobre el oficial caído. Y a pesar de los esfuerzos de Maximiliano y de sus compañeros estudiantes por protegerlo, es probable que ningún obstáculo humano hubiese sido capaz de sofocar la sed de venganza despertada, y habría perecido, de no ser por el suceso que en ese preciso instante desvió la atención de la muchedumbre.