Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Sin embargo, estas disposiciones se adoptaron más bien para tranquilizar a los invitados del intenso temor que les embargaba y comunicarles desde un principio un sentimiento de seguridad, que para satisfacer al Landgrave o a su ministro. Ellos sabÃan que La Máscara era capaz de acceder desde el interior, y eso era casi imposible de evitar. Tampoco era ése el deseo de Adorni, que pretendÃa facilitar su entrada, y después, una vez comprobada su presencia, cerrar todas las posibilidades de salida. En consecuencia, los dispositivos interiores, aunque perfectamente preparados y dispuestos a cerrarse con una simple orden, de momento estaban aparentemente descuidados.
Asà estaban las cosas a las nueve de la noche, hora a la que ya habÃa reunidas más de mil personas. Pasados diez minutos, un oficial informó que estaban presentes los mil doscientos invitados, sin una sola ausencia.
El Landgrave aún no habÃa aparecido, siendo su ministro quien habÃa recibido a los invitados. Tampoco se esperaba su aparición hasta pasada una hora —en realidad estaba ocupado en discusiones polÃticas con algunos de los ilustres incógnitos—. Pero esto no interfirió en el desarrollo de la fiesta, ya que en ese momento nada podÃa ser más impresionante que los esplendores del espectáculo.