Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Este hecho se le comunicó a Adorni y al Landgrave en un susurro alto y con cierto nerviosismo. Aquel nerviosismo llamó inmediatamente la atención y, como el susurro era lo bastante fuerte para que lo escuchasen varios invitados, la noticia de que había una persona de más se propagó con rapidez. Todas las damas se estremecieron, sus rodillas temblaron, sus voces se apagaron, se detuvieron en mitad de una pregunta, las respuestas quedaron sin contestar, y ninguno de los interesados volvió a recordarlas. Hasta la misma música empezó a vacilar, las luces parecían menguar y apagarse, pues era demasiado evidente que La Máscara había acudido a su cita, y que en ese momento estaba presente en el salón para encontrarse con el Landgrave y su honorable compañía.
Adorni y el Landgrave se apartaron del resto del séquito y deliberaban sobre el siguiente paso a dar, o el momento oportuno de poner en práctica un plan preconcebido. Parecía que se avecinaba el conflicto, y las rodillas de muchas damas entrechocaban con la perspectiva de algún cruel o sangriento acto de venganza.
—¡Pobre Máscara! —suspiró una joven con tierna compasión hacia quien parecía estar ahora sometido a la clemencia de sus enemigos.
—¿Pensáis, señor —se dirigió una a su pareja—, que lo despedazarán?