Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara —Pero las leyes de la hospitalidad —contestó el Landgrave— obligan tanto al huésped como al anfitrión. Cada uno tiene sus obligaciones. Y Doña Paulina, como huésped, habÃa violado las suyas en el momento en que participó en las intrigas de Klosterheim y compartió la furia de los conspiradores.
—Os han informado mal, señor. No he dado ni un paso fuera del recinto del convento en que resido, hasta hoy, para cumplir las órdenes de Su Alteza.
—Puede ser cierto, y puede ser signo de cautela y habilidad. La presencia personal de una dama, de aspecto tan distinguido como el de Doña Paulina, hubiese levantado demasiadas sospechas en cualquier reunión de conspiradores o intrigantes. Pero, ¿no habéis difundido nada por escrito con la intención de separar de mà a mis súbditos?
Doña Paulina negó con la cabeza. No comprendÃa en qué dirección apuntaban las sospechas del Landgrave.
—Como, por ejemplo, esto. ¿Reconoce Doña Paulina este escrito en particular?