Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Pero estos no eran fáciles de explicar. Encontró al Landgrave paseando nervioso por la estancia. Estaba de espaldas a ella cuando entró pero, en el instante en que el portero anunció en voz alta «¡La Condesa Paulina de Hohenhelder!», se volvió bruscamente y se aproximó para recibirla. A pesar de lo irritado que parecía el Landgrave, su primer impulso fue el de cumplir el ceremonioso protocolo que correspondía al rango de Paulina. Se inclinó fríamente ante ella, mientras un asistente le ofrecía asiento, y tras indicar a todos los presentes que se retirasen, empezó a exponer las causas que habían requerido la presencia de Doña Paulina.
Demostró tanta habilidad mezclada con violencia, que al principio, Paulina no comprendió sus verdaderos propósitos. Sin embargo, decidida a hacer justicia a su propia dignidad ofendida, aprovechó la primera oportunidad para expresar su protesta al Landgrave por la improcedente violencia de su llamada. Su Serena Alteza ejercía el poder en Klosterheim, y no tenía motivos para pensar que se opondría a sus órdenes.
—¿Doña Paulina distingue, entonces, entre el poder y el derecho? No esperaba menos.
—De ninguna manera. La condesa no sabía nada. Era una extranjera que sólo buscaba hospitalidad en Klosterheim, hospitalidad que ha sido aparentemente violada por muestras gratuitas de autoridad.