Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Apenas se hubo recobrado de la turbulenta sensación de alegría producida por la repentina resurrección de sus esperanzas, Paulina sufrió un sobresalto de signo completamente contrario al recibir una citación a la presencia del Landgrave. El mensaje estaba escrito de forma imperativa y en tono más apremiante que ninguno de los que le habían dirigido hasta entonces, a ella, una dama de la familia imperial. Conocía el carácter del Landgrave y su posición actual, y ambos la intranquilizaron cuando los asoció con el estilo y el lenguaje de su misiva. Pues ésta anunciaba con bastante claridad que se había decidido a emprender un camino audaz, a no permanecer más tiempo contemporizando entre dos políticas, y a arrojarse abiertamente en los brazos de los enemigos del emperador. En cierto sentido, el mensaje del Landgrave le proporcionaba a Paulina algún beneficio. Ella no era orgullosa ni propensa a ofenderse; al contrario, era dulce y sumisa; pues los impulsos de su juventud y su insigne origen se habían visto templados por las terribles catástrofes nacionales y la compasión que había compartido con sus semejantes de todo rango. Pero sentía que, en esta innecesaria muestra de autoridad, el Landgrave estaba infringiendo al mismo tiempo los derechos de hospitalidad y los de su sexo. La indignación que le produjo una conducta tan poco caballerosa le dio valor para enfrentarse a él, aunque temía una escena violenta y tenía todas las razones del mundo para sentirse inquieta ante la incertidumbre de no saber con claridad cuáles eran sus intenciones respecto a ella.