Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Paulina se sobresaltó. El Landgrave parecÃa enojado y perplejo.
—¡Ahà dentro! —gritó con voz potente a los criados que estaban en la estancia contigua—. No toleraré más estos insultos —exclamó—. Id ahora mismo, llevaos una columna de soldados, apostadles en todas las salidas y registrad las habitaciones contiguas, tanto arriba como abajo. Estos murmullos son insoportables.
La voz replicó de nuevo:
—Landgrave, buscáis en vano. ¡Mirad en vos mismo! ¡El joven Max está sobre vos!
—Ese charlatán —dijo el Landgrave, haciendo un esfuerzo por recuperar su serenidad— me recuerda a ese aventurero, el joven Maximiliano. ¿Quién es? ¿De dónde viene? ¿Quién le envÃa?
Paulina se sonrojó, pero, indignada por las palabras injuriosas del Landgrave hacia su amante, replicó:
—No es un aventurero, ni jamás ha sido de esa clase. El emperador no concede su favor a tales personas.
—Entonces, ¿qué le trae a Klosterheim? ¿Por qué razón turba la tranquilidad de esta ciudad?
Antes de que Paulina pudiese responder, la voz replicó en voz alta desde una distancia mayor:
—¡Por sus derechos! Y cuidaos, Landgrave, de ofrecer resistencia.