Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara El príncipe se levantó furioso. Sus ojos echaban chispas y cerró los puños con impotencia. La misma voz le había humillado en anteriores ocasiones, pero nunca en circunstancias que le mortificaran tanto. Avergonzado de que la joven condesa presenciase los insultos que se le hacían, y viendo que era inútil seguir con la conversación en una situación que lo exponía a los sarcasmos de un tercero, aplazó el interrogatorio, sin ocultar su temor ni sus prejuicios, para otra oportunidad, y le dio permiso a Paulina para marcharse, permiso que ella aprovechó, retirándose atemorizada y perpleja.