Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara El general llevaba una larga lista de preguntas para Paulina y le rogó que recitase verbalmente las respuestas que pensaba dar. Tras echarles un rápido vistazo, Paulina replicó con dignidad, aunque temblorosa y agitada, que eran preguntas a las que de ningún modo podÃa responder. Muchas se referÃan a cuestiones que ignoraba por completo, y ninguna se correspondÃa con la gratitud y amistad que le debÃan las personas implicadas en aquellas cuestiones.
—Entonces, ¿se niega a responder?
—Por supuesto. Sólo hay tres preguntas a las que puedo responder, y de manera parcial. Las respuestas que espera me cubrirÃan de deshonra.
—Entonces, ¿se niega?
—Claro que sÃ, por las razones que le acabo de dar.
—Una vez más: ¿se niega?
—SÃ, me niego; pero concédame al menos el derecho a exponer mis razones.
—¡Razones! Ja, ja! Tienen que ser buenas para resistir los argumentos de este bonito juguete —dijo poniendo la mano sobre la máquina—. Sin embargo, la elección es suya, no mÃa.