Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Y, con estas palabras, cayó exhausta a los pies de la dama. La mujer, joven, hermosa y de maneras encantadoras, la levantó tiernamente entre sus brazos y, con un cariñoso tono de hermana, le rogó que no temiera nada. La respetuosa manera en que los oficiales se retiraron a una orden suya convenció a Paulina de que tenía una relación muy estrecha con el Landgrave. En realidad, no tardó mucho en referirse a él como su padre.
—¿Es posible —pensó para sí Paulina— que esta inocente y amable jovencita (pues no tenía más de diecisiete años, aunque poseía cierta madurez prematura que la elevaba a la altura de Paulina) sienta cariño de hija hacia un tirano tan salvaje como el Landgrave?
Descubrió, sin embargo, que la gentil princesa Adelina tenía en su sencillez infantil el mejor don que una persona de su situación podía recibir de los cielos. Las barbaridades del gobernador croata las achacaba exclusivamente a su brutal carácter; y el caso de Paulina le confirmó hasta tal punto aquella opinión que se decidió a ejecutar en ese momento algo que proyectaba desde hacía tiempo. Mucha gente abusaba vilmente de la confianza de su padre. Eso es lo que dijo, y lo creía firmemente. Sólo le llegaba una parte de la verdad. Hasta sus propias cartas eran desatendidas de un modo incompatible con los testimonios de profundo afecto que Su Alteza demostraba diariamente hacia ella.