Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara El Landgrave era el único que mantenía cierta confusa reserva y manifestaba algún desdén altanero. Había decidido atender la citación con la más viva expresión de desafío, convocando esa misma noche un nuevo baile de máscaras, mayor aún que el primero. Lo hacía con toda intención, aconsejado por sus aliados suecos. Le manifestaron que el asunto de la esperada batalla estaba al caer; todos los indicios apuntaban, al parecer, hacia un giro decisivo en su favor. Pero, en el peor de los casos, ninguna derrota del ejército sueco había sido hasta el momento completa. El grueso del ejército en retirada, caso de que los suecos se viesen obligados a retirarse, pasaría por Klosterheim y le proporcionaría una guarnición capaz de retener la ciudad durante muchos meses (lo que daría nuevas oportunidades a todos), mientras que a sus nuevos y cordiales aliados les ofrecería una retirada segura ante el enemigo y una muestra satisfactoria de su propia fidelidad. Esto en el peor de los casos, mientras que en el mejor y más probable, en caso de victoria de los suecos, mantener un par de días más la ciudad contra los conspiradores internos y los ayudantes secretos de fuera, equivaldría de hecho a ratificar cualquier victoria que lograsen los suecos, entregándoles en el momento crítico uno de sus trofeos y garantías más espléndidos.