Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Estos consejos coincidían perfectamente con los planes del Landgrave. Por eso se acordó que aquella noche, y al amparo de las máscaras, se introdujesen en los salones del castillo todas las tropas suecas que pudieran reunirse en aquel momento crucial. Eran unos cuatrocientos hombres. Finalmente, se tomaron otras disposiciones, igualmente misteriosas, algunas de las cuales sólo conocía el Landgrave.
A las siete, como en la ocasión anterior, empezó a congregarse la gente. Se abrieron las mismas estancias; pero, como ahora había más personas, pues se había ampliado el rango a fin de incluir a todos los implicados en la conspiración que desde algún tiempo maduraba en Klosterheim, se juzgó necesario aumentar el número de salones con el pretexto de darle mayor relieve a la hospitalidad del Landgrave. Así que, de acuerdo con un viejo privilegio concedido para las coronaciones o grandes galas por la abadesa de Santa Inés, se quitaron los tabiques que separaban la entrada del schloss del refectorio del inmenso convento. De este modo, se convirtieron en los dos recintos contiguos.