Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara —SÃ, St. Aldenheim, todo está listo, incluidas las vÃctimas. En esa lista estáis el primero. Creedme, sé lo que me digo. No importa cómo lo he sabido, pero es cierto.
—Bueno, necesitáis non habet legem, y quien muere el martes jamás coge un resfriado el miércoles. Pero ese consuelo de nada sirve. ¿Creéis que puede haber otro mejor?
—¿Cuál?
—La venganza, par exemple, una pequeña venganza. ¿No podrÃa uno retorcerle el cuello a este vil prÃncipe que abusa pérfidamente de la confianza de los caballeros? No me importa morir, pero caer en una trampa y morir como una rata atraÃda por un bocado de queso… ¡Ah! ¡Mi sangre de conde se rebela contra eso!
—Seguramente podrÃamos hacer algo, si pudiésemos reunir fuerzas. Es decir, podrÃamos morir con la espada en la mano, pero…
—¡Basta! No se hable más. Vamos. Recorreremos por separado los salones, reuniremos a todos los que podamos de los nuestros, y luego nos rebelaremos. Que cada uno dé cuenta de una vÃctima. Yo me encargaré de Su Alteza.