Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara El último Landgrave había sido asesinado en el bosque, durante una cacería, cuando aún era joven. Uno o dos años antes de aquella tragedia había contraído, al parecer, matrimonio morganático con una señora de alta alcurnia, estrechamente vinculada a la casa imperial. A consecuencia de este matrimonio, los hijos que pudiesen nacer de él, varones o hembras, quedaban incapacitados para sucederle. Gracias a esta circunstancia, unida al rumor que circulaba de que la viuda no tenía hijos, había escapado a todo intento de asesinato. Mientras tanto, aquella mujer, que no era otra que la Hermana Madeline, debía su seguridad a dos rumores, igualmente falsos. Pronto encontró el medio de convencer al emperador, que había sido íntimo amigo de su principesco esposo, de que su matrimonio era perfectamente legal, lo que le confería plenos derechos de sucesión a su hijo Maximiliano, al que desde edad temprana, y con el más absoluto secreto, había confiado al cuidado de su majestad imperial. Este poderoso guardián había mirado de todas las maneras posibles por los intereses del joven príncipe. Pero la Guerra de los Treinta Años había sumido a Alemania en el desorden, provocando durante algún tiempo el desconcierto del emperador y favoreciendo las especulaciones del usurpador. También había surgido últimamente en la ciudad de Klosterheim y sus dependencias otra polémica al margen del landgraviato. Ahora se decía que la ciudad era una dependencia femenina y que sólo podía pasar de nuevo a las manos de los landgraves de X a través de un matrimonio con la heredera femenina. Con vistas a conciliar todas las reclamaciones y eliminar ese obstáculo del camino, el emperador había decidido favorecer el matrimonio de Maximiliano con Paulina, que estaba relacionada tanto con la casa imperial como con la de su amante. Por esa razón había enviado a la condesa Paulina a Klosterheim con los documentos que certificaban la legitimidad de los derechos de ambas partes. Aquéllos eran los documentos que le habían robado en Waldenhausen; y la carta destinada a presentar a Maximiliano como el hijo y único representante del anterior Landgrave asesinado, había caído de esta forma en manos del usurpador, haciendo que éste dirigiese equivocadamente sus ataques contra Paulina.