Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara —Vamos, vamos, señor. Usted me comprende perfectamente. Supongo que en Waldenhausen nada es suyo ni de nadie sin el permiso de Holkerstein. Y cuando veo tantos graneros repletos, con sus alegres cargas de heno y grano, capaces de alimentar a una guarnición de Holkerstein durante dos sitios, sé lo que debo pensar de quien los ha almacenado impunemente. El que sirve a un ladrón lo hace bajo las condiciones de un ladrón. En tales negocios sólo vale una palabra, y es la del ladrón. Pero venga, hombre, yo no soy su juez. Sólo mantendría a mis soldados en guardia en alguno de los puestos avanzados de Holkerstein. Y a usted, labriego, le recordaría que una gracia del emperador aún puede mantenerle en pie, aunque un ladrón le haya ayudado a echarse la soga al cuello.
Los soldados rieron, pero captaron la insinuación de su oficial de vigilar los movimientos de este hombre, cuya inmunidad contra los saqueos, en circunstancias tan tentadoras para la codicia de un saqueador militar, revelaba ciertamente alguna confabulación con Holkerstein.