Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara No era, sin embargo, un cambio tan viejo como para resistir las extraordinarias condiciones climatológicas. Durante las últimas semanas el frÃo habÃa sido tan intenso, y tan prematuro, que en todos los cuarteles de la pobre y exhausta tierra habÃa expectativas halagüeñas de un armisticio general. Y como éste, una vez establecido, ofrecerÃa la oportunidad de tomar alguna medida de pacificación permanente, no podÃa extrañar que el esperanzador corazón humano, largamente oprimido por oscuras perspectivas, se abriese con extraordinaria prontitud al primer amanecer luminoso de tiempos mejores. Efectivamente, la reacción de las gentes fue repentina y unánime. También ocurrÃa que el momento de este cambio de panorama conllevaba otro placer. El invierno, cuya peculiar severidad habÃa creado la aparente necesidad de un armisticio, trajo con él numerosos placeres domésticos asociados desde tiempo inmemorial con esta estación en todos los climas nórdicos. El frÃo, que casualmente habÃa abierto un sendero hacia esperanzas más lejanas, constituÃa en ese momento una cortina entre ellos mismos y la espada enemiga. Y ocurrÃa que la misma estación que ofrecÃa una perspectiva bastante probable, por remota que fuese, del restablecimiento final de la felicidad pública, les prometÃa saborear por anticipado esta bendición en la inmediata seguridad de sus hogares.
