Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Éstas eran las previsiones que dominaban la política del Landgrave, al interferir tan severa y bárbaramente en los generosos propósitos de los habitantes de Klosterheim que querían llevar un salvoconducto a sus amigos y visitantes, que se encontraban en la orilla del bosque. El bandido Holkerstein, si bien no contaba con la aprobación directa de los suecos, ni estaba secretamente instigado en su actual posición por Richelieu, había emprendido no obstante un sistema de agresiones que probablemente acabarían aliándolo con alguno de estos poderes. En cualquier caso, se había entregado a cometer continuas ofensas contra los intereses imperiales, pues en esas regiones sus injurias e insultos estaban más allá del perdón. Los intereses de Holkerstein, pues, corrían en la misma dirección que los del Landgrave. No era conveniente debilitarle. Y era doblemente inconveniente hacerlo con medidas que también debilitarían al Landgrave, ya que cualquier merma de sus fuerzas militares, o de los medios para reclutarlas, era, en la misma proporción, un sacrificio voluntario de las fuerzas que obtendría si se llevaba a cabo la alianza con los suecos, que ahora consideraba segura. Pero lo que más temía de la cooperación de los habitantes de Klosterheim con la caravana de Viena era el probable derrocamiento de su dominio en la ciudad, tan delicadamente equilibrada a su favor que el más leve refuerzo del otro lado podría inclinar la balanza en su contra.