Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Poco después, antes de irse la luz del dÃa, los viajeros alcanzaron el extremo más cercano del brezal, y de nuevo entraron en el bosque. El frÃo y la oscuridad aumentaban por momentos, y era lógico esperar que los espectadores se retirarÃan de sus puestos. Pero era tal su interés que muy pocos abandonaron las murallas, salvo para contemplar mejor el avance de sus amigos. Era más fácil con la oscuridad, pues uno de cada dos jinetes portaba una antorcha para alumbrar el camino, que era al tiempo un indicador para los amigos de Klosterheim. Las llamas se elevaban sobre los arbustos y eran visibles desde cualquier parte del bosque. En esta estación del año en que los árboles no tenÃan hojas, se podÃan divisar sin dificultad hasta las luces más pequeñas. Formaban una resplandeciente cadena de puntos brillantes que dibujaba los laberintos del bosque, y que habrÃa impresionado agradablemente a unos ojos más despreocupados.