Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara ¡El enemigo, ay! Pero ¿cómo? ¿En qué circunstancias? ¿Victorioso? ¡Quizás, incluso, con sus amigos presos! Y si realmente se retiraba fugitivo y vencido, ¿con qué horribles sacrificios por parte de sus amigos se habría saldado este desenlace?
El intervalo que transcurrió antes de que se pudiera responder a estas preguntas fue lento y penoso. Pasaron tres largas horas desde que se escuchó la trompeta por última vez. A la una aún no se veían señales de los viajeros por ninguna parte. Los ánimos más optimistas empezaron a abatirse, y por todo Klosterheim se generalizaron los lamentos.
Pero, de repente, a un cuarto de milla se elevó un apagado sonido, como si alguien intentara tocar una trompeta. A los cinco minutos se escuchó un trompetazo más fuerte cerca de las puertas. Mucha gente se hizo preguntas esperanzadas, que hallaron feliz respuesta. Fueron tomadas las precauciones de costumbre, y, tras convencer rápidamente al oficial de guardia de la seguridad de las medidas, se abrieron las puertas y los desventurados viajeros, agotados por fatigas, penalidades y sufrimientos de todo tipo, entraron al fin en el seno de una ciudad amiga.