Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara El espectáculo que presentaba la larga caravana, mientras serpenteaba por las empinadas calles que llevaban al mercado, era horrible. Carros rotos y astillados por doquier, sobre los que yacían numerosos soldados con heridas vendadas apresuradamente de las que fluía sangre que empapaba sus vistosas prendas; caballos con los miembros destrozados por los sables, y carruajes y coches cargados con el peso de muertos y moribundos. Este era el aspecto que ofrecía la vanguardia de la marcha, mientras los viajeros desfilaban por Klosterheim. La enorme variedad de rostros, vestimentas, equipo de guerra y enseñas de rango, mezcladas en la confusión de la noche y la retirada, iluminados a intervalos por brillantes chorros de luz de antorchas y velas colocadas en la calle o en las ventanas de las casas, componían un cuadro que recordaba el caos de una pesadilla, más que el cotidiano espectáculo de la vida humana.