Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte –Son de madera de ley –observó el malacara.
–SÃ, cernes quemados –comprobó el alazán.
Y tras otra larga mirada de examen, el malacara añadió:
–El hilo pasa por el medio, no hay grampas…
Y el alazán:
–Están muy cerca uno de otro de otro…
Cerca, los postes, sÃ, indudablemente: tres metros. Pero en cambio, aquellos dos modestos alambres en reemplazo de los cinco hilos del cercado anterior, desilusionaron a los caballos. ¿Cómo era posible que el hombre creyera que aquel alambrado para terneros iba a contener al terrible toro?
–El hombre dijo que no iba a pasar –se atrevió sin embargo el malacara, que en razón de ser el favorito de su amo, comÃa más maÃz, por lo cual sentÃase más creyente.
Pero las vacas los habÃan oÃdo.
–Son los caballos. Los dos tienen soga. Ellos no pasan. Barigüà pasó ya.
–¿Pasó? ¿Por aqu� –preguntó descorazonado el malacara.
–Por el fondo. Por aquà pasa también. Comió la avena.