Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte Entretanto, la vaquilla locuaz habÃa pretendido pasar los cuernos entre los hilos; y una vibración aguda, seguida de un seco golpe en los cuernos, dejó en suspenso a los caballos.
–Los alambres están muy estirados –dijo el alazán después de largo examen.
–SÃ. Más estirados no se puede…
Y ambos, sin apartar los ojos de los hilos, pensaban confusamente en cómo se podrÃa pasar entre los dos hilos.
Las vacas, mientras tanto, se animaban unas a otras.
–Él pasó ayer. Pasa el alambre de púa. Nosotras después.
–Ayer no pasaron. Las vacas dicen sÃ, y no pasan –comprobó el alazán.
–¡Aquà hay púa, y Barigüà pasa! ¡Allà viene!
Costeando por adentro el monte del fondo, a doscientos metros aún, el toro avanzaba hacia el avenal. Las vacas se colocaron todas de frente al cercado, siguiendo atentas con los ojos a la bestia invasora. Los caballos, inmóviles, alzaron las orejas.
–¡Come toda la avena! ¡Después pasa!
–Los hilos están muy estirados… –observó aún el malacara, tratando siempre de precisar lo que sucederÃa si…