Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte –Vos tenés suerte… –dijo–. Grande, tu anticipo…
–Vos traés compañera –objetó Podeley–. Eso te cuesta para tu bolsillo…
Cayé miró a su mujer; y aunque la belleza y otras cualidades de orden más moral pesan muy poco en la elección de un mensú, quedó satisfecho. La muchacha deslumbraba, efectivamente, con su traje de raso, falda verde y blusa amarilla; lucÃa en el cuello sucio un triple collar de perlas: calzaba zapatos Luis XV, tenÃa las mejillas brutalmente pintadas, y un desdeñoso cigarro de hoja bajo los párpados entornados.
Cayé consideró a la muchacha y su revólver 44: ambas cosas eran realmente lo único que valÃa de cuanto llevaba con él. Y aún el 44 corrÃa riesgo de naufragar tras el anticipo, por minúscula que fuera su tentación de tallar.
Sobre un baúl de punta, en efecto, los mensú jugaban concienzudamente al monte cuanto tenÃan. Cayé observó un rato riéndose, como se rÃen siempre los peones cuando están juntos, sea cual fuera el motivo; y se aproximó al baúl, colocando a una carta cinco cigarros.
Modesto principio, que podÃa llegar a proporcionarle el dinero suficiente para pagar el adelanto en el obraje y volverse en el mismo vapor a Posadas, a derrochar un nuevo anticipo.