Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte AsÃ, tras constantes derroches de nuevos adelantos–necesidad irresistible de compensar con siete dÃas de gran señor las miserias del obraje–, los mensú volvieron a rea remontar el rÃo en el SÃlex. Cayé llevó compañera, y los tres, borrachos como los demás peones, se instalaron junto a la bodega, donde ya diez mulas se hacinaban en Ãntimo contacto con baúles, atados, perros, mujeres y hombres.
Al dÃa siguiente, ya despejadas las cabezas, Podeley y Cayé examinaron sus libretas: era la primera vez que lo hacÃan desde su contrata. Cayé habÃa recibido ciento veinte pesos en efecto, y treinta y cinco en gasto; y Podeley, ciento treinta y setenta y cinco, respectivamente.
Ambos se miraron con expresión que pudiera haber sido de espanto, si un mensú no estuviera perfectamente curado de ello. No recordaban haber gastado ni la quinta parte siquiera.
–¡Añá…! –murmuró Cayé–. No voy a cumplir nunca…
Y desde ese momento adquirió sencillamente –como justo castigo de su despilfarro– la idea de escaparse de allá.
La legitimidad de su vida en Posadas era, sin embargo, tan evidente para él, que sintió celos del mayor adelanto acordado a Podeley.