Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte El agua llegábales ya al pecho cuando tocaron tierra. ¿Dónde? No lo sabÃan… Un pajonal. Pero en la misma orilla quedaron inmóviles, tendidos de vientre.
Ya deslumbraba el sol cuando despertaron. El pajonal se extendÃa veinte metros tierra adentro, sirviendo de litoral a rÃo y bosque. A media cuadra al sur, el riacho ParanaÃ, que decidieron vadear cuando hubieran recuperado las fuerzas. Pero éstas no volvÃan tan rápidamente como era de desear, dado que los cogollos y gusanos de tacuara son tardos fortificantes. Y durante veinte horas la lluvia cerrada transformó al Paraná en aceite blanco, y al Paranaà en furiosa avenida. Todo imposible. Podeley se incorporó de pronto chorreando agua, y apoyándose en el revólver para levantarse, apuntó a Cayé. Volaba de fiebre.
–¡Pasá, añá!…
Cayé vio que poco podÃa esperar de aquel delirio, y se inclinó disimuladamente para alcanzar a su compañero de un palo. Pero el otro insistió:
–¡Andá al agua! ¡Vos me trajiste! ¡Bandeá el rÃo!
Los dedos lÃvidos temblaban sobre el gatillo.
Cayé obedeció; dejóse llevar por la corriente y desapareció tras el pajonal, al que pudo abordar con terrible esfuerzo.