Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte Desde allÃ, y de atrás, acechó a su compañero; pero Podeley yacÃa de nuevo de costado, con las rodillas recogidas hasta el pecho, bajo la lluvia incesante. Al aproximarse Cayé alzó la cabeza, y sin abrir el enfermo los ojos, cegados por el agua, murmuró:
–Cayé, caray… FrÃo muy grande…
Llovió aún toda la noche sobre el moribundo, la lluvia blanca y sorda de los diluvios otoñales, hasta que a la madrugada Podeley quedó inmóvil para siempre en su tumba de agua.
Y en el mismo pajonal, sitiado siete dÃas por el bosque, el rÃo y la lluvia, el superviviente agotó las raÃces y gusanos posibles, perdió poco a poco sus fuerzas, hasta quedar sentado, muriéndose de frÃo y hambre, con los ojos fijos en el Paraná.
El SÃlex, que pasó por allà al atardecer, recogió al mensú ya casi moribundo. Mas su felicidad transformóse en terror al darse cuenta, al dÃa siguiente, de que el vapor remontaba el rÃo.
–¡Por favor te pido! –lloriqueó ante el capitán–. ¡No me bajés en Puerto X! ¡Me van a matar!… ¡Te lo pido de veras!…
El SÃlex volvió a Posadas, llevando con él al mensú, empapado aún en pesadillas nocturnas.
Pero a los diez minutos de bajar a tierra estaba ya borracho con nueva contrata, y se encaminaba tambaleando a comprar extractos.