Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte No satisfacÃan sus esperanzas. Y en ese ardiente anhelo que se exasperaba, en razón de su infructuosidad, se agriaron. Hasta ese momento cada cual habÃa tomado sobre sà la parte que le correspondÃa en la miseria de sus hijos; pero la desesperanza de redención ante las cuatro bestias que habÃan nacido de ellos, echó afuera esa imperiosa necesidad de culpar a los otros, que es patrimonio especÃfico de los corazones inferiores.
Iniciáronse con el cambio de pronombres: tus hijos. Y como a más del insulto habÃa la insidia, la atmósfera se cargaba.
–Me parece –dÃjole una noche Mazzini, que acababa de entrar y se lavaba las manos– que podrÃas tener más limpios a los muchachos.
Berta continuó leyendo como si no hubiera oÃdo.
–Es la primera vez –repuso al rato– que te veo inquietarte por el estado de tus hijos.
Mazzini volvió un poco la cara a ella con una sonrisa forzada:
–De nuestros hijos, ¿me parece?
–Bueno; de nuestros hijos. ¿Te gusta as� –alzó ella
Esta vez Mazzini se expresó claramente:
–¿Creo que no vas a decir que yo tenga la culpa, no?