Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte Cooper, sin embargo, conocía bien a los perros de monte y su maravillosa aptitud para la caza a la carrera, que su fox–terrier ignoraba. ¿Enseñarle? Acaso; pero no tenía cómo hacerlo.
Precisamente esa misma tarde un peón se quejó a Cooper de los venados que estaban concluyendo con los porotos. Pedía escopeta, porque aunque él tenía un buen perro, no podía sino a veces alcanzar a los venados de un alcanzarlos de un palo…
Cooper prestó la escopeta, y aun propuso ir esa noche al rozado.
–No hay luna –objetó el peón.
–No importa. Suelte el perro y veremos si el mío lo sigue.
Esa noche fueron al plantío. El peón soltó a su perro, y el animal se lanzó enseguida en las tinieblas del monte, en busca de un rastro.
Al ver partir a su compañero, Yaguaí intentó en vano forzar la barrera de caraguatá. Logrólo al fin, y siguió la pista del otro. Pero a los dos minutos regresaba, muy contento de aquella escapatoria nocturna. Eso sí, no quedó agujerito sin olfatear en diez metros a la redonda.