Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte Desde tiempo atrás el perrito blanco habÃa sido muy solicitado por un amigo de Cooper, hombre de selva, cuyos muchos ratos perdidos se pasaban en el monte tras los tatetos. TenÃa tres perros magnÃficos para esta caza, aunque muy inclinados a rastrear coatÃs, lo que envolviendo una pérdida de tiempo para el cazador, constituye también la posibilidad de un desastre, pues la dentellada de un coatà degüella fundamentalmente al perro que no supo cogerlo.
Fragoso, habiendo visto un dÃa trabajar al fox–terrier en un asunto de irara, a la que Yaguaà forzó a estarse definitivamente quieta, dedujo que un perrito que tenÃa ese talento especial para morder justamente entre cruz y pescuezo no era un perro cualquiera por más corta que tuviera la cola. Por lo que instó repetidas veces a Cooper a que le prestara a YaguaÃ.
–Yo te lo voy a enseñar bien a usted, patrón –le decÃa.
–Tiene tiempo –respondÃa Cooper.
Pero en esos dÃas abrumadores –la visita de Fragoso habiendo avivado el recuerdo del pedido–, Cooper le entregó su perro a fin de que le enseñara a correr.
Yaguaà corrió, sin duda, mucho más de lo que hubiera deseado el mismo Cooper.