Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte En el camino, el fox–terrier oyó, lejanas, las explosiones de los pajonales del Yabebirà ardiendo con la sequÃa; vio a la vera del bosque a las vacas que soportando la nube de tábanos empujaban los catiguás con el pecho, avanzando montadas sobre el tronco arqueado hasta alcanzar las hojas. Vio las rÃgidas tunas del monte tropical dobladas como velas; y sobre el brumoso horizonte de las tardes de treinta y ocho a cuarenta grados, volvió a ver el sol cayendo asfixiado en un cÃrculo rojo y mate.
Media hora después entraban en San Ignacio.
Siendo ya tarde para llegar hasta lo de Cooper, Fragoso aplazó para la mañana siguiente su visita. Los tres perros, aunque muertos de hambre, no se aventuraron mucho a merodear en paÃs desconocido, con excepción de YaguaÃ, al que el recuerdo bruscamente despierto de las viejas carreras delante del caballo de Cooper, llevaba en lÃnea recta a casa de su amo.