Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte Candiyú se reÃa.
–No tengo ahora. Y esa… maquinaria, ¿tiene mucha delicadeza?
–No; botón acá, y botón allá… Yo enseño. ¿Cuándo tiene madera?
–Alguna creciente… Ahora ha de venir una. ¿Y qué palo querés usted?
–Palo rosa. ¿Conviene?
–¡Hum…! No baja ese palo casi nunca… Mediante una creciente grande, solamente. ¡Lindo palo! Te gusta palo bueno, a usted.
–Y usted lleva buen gramófono. ¿Conviene?
El mercado prosiguió a son de cantos británicos, el indÃgena esquivando la vÃa recta, y el contador acorralándolo en el pequeño cÃrculo de la precisión. En el fondo, y descontados el calor y el whisky, el ciudadano inglés no hacÃa un mal negocio, cambiando un perro gramófono por varias docenas de bellas tablas, mientras el pescador de vigas, a su vez, entregaba algunos dÃas de habitual trabajo a cuenta de una maquinita prodigiosamente ruidera.
Por lo cual el mercado se realizó, a tanto tiempo de plazo.