Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte habÃan comenzado después de sesenta y cinco dÃas de seca absoluta que no dejó llanta en las alzaprimas. El haber realizable del obraje consistÃa en ese momento en siete mil vigas –bastante más que una fortuna–. Pero como las dos toneladas de una viga, mientras no estén en el puerto, no pesan dos escrúpulos en caja, Castelhum y CÃa. distaban muchÃsimas leguas de estar contentos.
De Buenos Aires llegaron órdenes de movilización inmediata; el encargado del obraje pidió mulas y alzaprimas para movilizar; le respondieron que con el dinero de la primera jangada a recibir, le remitirÃan las mulas; y el encargado contestó que con esas mulas anticipadas, les mandarÃa la primera jangada.
No habÃa modo de entenderse. Castelhum subió hasta el obraje y vio el stock de madera en el campamento, sobre la barranca del Ñacanguazú.
–¿Cuánto? –preguntó Castelhum a su encargado.
–Treinticinco mil pesos –repuso éste.
Era lo necesario para trasladar las vigas al Paraná. Y sin contar la estación
impropia.
Bajo la lluvia que unÃa en un solo hilo de agua su capa de goma y su caballo, Castelhum consideró largo rato el arroyo arremolinado. Señalando luego el torrente con un movimiento del capuchón: