Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte El humo de aquel tabaco humedecido, seco, vuelto a humedecer y resecar infinitas veces, tenÃa en aquel momento un gusto a cumbarÃ, solución Coirre y sulfato de soda, mucho más ventajoso que la primera vez. EmprendÃ, sin embargo, la tarea que sabÃa dura, con el caño contraÃdo y los dientes crispados sobre la boquilla.
Fumé, quiero creer que cuarta pipa. Sólo recuerdo que al final el cañaveral se puso completamente azul y comenzó a danzar a dos dedos de mis ojos. Dos o tres martillos de cada lado de la cabeza comenzaron a destrozarme las sienes, mientras el estómago, instalado en plena boca, aspiraba él mismo directamente las últimas bocanadas de humo.
…
Volvà en mà cuando me llevaban en brazos a casa. A pesar de lo horriblemente enfermo que me encontraba, tuve el tacto de continuar dormido, por lo que pudiera pasar. Sentà los brazos delirantes de mamá sacudiéndome.
–¡Mi hijo querido! ¡Eduardo, mi hijo! ¡Ah, Alfonso, nunca te perdonaré el dolor que me has causado!
–¡Pero, vamos! –decÃale mi tÃa mayor–. ¡No seas loca, Mercedes! ¡Ya ves que no tiene nada!