Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte –¡Ah! –repuso mamá llevándose las manos al corazón en un inmenso suspiro–. ¡SÃ, ya pasó…! Pero dime, Alfonso, ¿cómo pudo no haberse hecho nada? ¡Ese pozo, Dios mÃo…!
El padrastrillo, quebrantado a su vez, habló vagamente de desmoronamiento, tierra blanda, prefiriendo dejar para un momento de mayor calma la solución verdadera, mientras la pobre mamá no se percataba de la horrible infección de tabaco que exhalaba su suicida.
Abrà al fin los ojos, me sonreÃ, y volvà a dormirme, esta vez honrada y profundamente.
Tarde ya, el tÃo Alfonso me despertó.
–¿Qué merecerÃas que te hiciera? –me dijo con sibilante rencor–. ¡Lo que es mañana, le cuento todo a tu madre, y ya verás lo que son gracias!
Yo veÃa aún bastante mal, las cosas bailaban un poco, y el estómago continuaba todavÃa adherido a la garganta.
Sin embargo, le respondÃ:
–¡Si le cuentas algo a mamá, lo que es esta vez te juro que me tiro!
Los ojos de un joven suicida que fumó heroicamente su pipa, ¿expresan acaso desesperado valor?
Es posible que sÃ. De todos modos el padrastrillo, después de mirarme fijamente, se encogió de hombros, levantando hasta mi cuello la sábana un poco caÃda.