Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte Nueve de la mañana. No es hora sobremanera decente de acostarse, pero asà es. Del baile de lo de RodrÃguez Peña, a Palermo. Luego al bar. Todo perfectamente solo. Y ahora a la cama.
Pero no sin disponerme a concluir el paquete de cigarrillos, antes de que el sueño venga. Y aquà está la causa: bailé anoche con MarÃa Elvira. Y después de bailar, hablamos asÃ:
–Estos puntitos en la pupila –me dijo, frente uno de otro en la mesita del buffet–, no se han ido aún. No sé qué será… Antes de mi enfermedad no los tenÃa.
Precisamente nuestra vecina de mesa acababa de hacerle notar ese detalle. Con lo que sus ojos no quedaban sino más luminosos.
Apenas comencé a responderle, me di cuenta de la caÃda; pero ya era tarde.
–Sà –le dije, observando sus ojos–. Me acuerdo de que antes no los tenÃa…
Y miré a otro lado. Pero MarÃa Elvira se echó a reÃr:
–Es cierto; usted debe saberlo más que nadie.
¡Ah! ¡Qué sensación de inmensa losa derrumbada por fin de sobre mi pecho! ¡Era posible hablar de eso, por fin!