Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte PodrÃa escribir aquà cosas pasablemente distintas de las que acabo de anotar, pero prefiero contar simplemente lo que pasó el último dÃa que vi a MarÃa Elvira.
Por bravata, o desafÃo a mà mismo, o quién sabe por qué mortuoria esperanza de suicida, fui la tarde anterior de mi salida a despedirme de los Funes. Ya hacÃa diez dÃas que tenÃa mis pasajes en el bolsillo –por donde se verá cuánto desconfiaba de mà mismo.
MarÃa Elvira estaba indispuesta –asunto de garganta o jaqueca– pero visible. Pasé un momento a la antesala a saludarla. La hallé hojeando músicas, desganada. Al verme se sorprendió un poco, aunque tuvo tiempo de echar una rápida ojeada al espejo. TenÃa el rostro abatido, los labios pálidos, y los ojos hundidos de ojeras. Pero era ella siempre, más hermosa aún para mà porque la perdÃa.
Le dije sencillamente que me iba, y le deseaba mucha felicidad.
Al principio no me comprendió.
–¿Se va? ¿Y adónde?
–A Norteamérica… Acabo de decÃrselo.
–¡Ah! –murmuró, marcando bien claramente la contracción de los labios. Pero enseguida me miró inquieta.
–¿Está enfermo?
–¡Pst…! No precisamente… No estoy bien.