Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte TenÃa aún su mano en la mÃa. La retiró, se volvió lentamente, quitó la música del atril para colocarla sobre el piano, todo con pausa y mesura, y me miró de nuevo, con esforzada y dolorosa sonrisa:
–¿Y si yo… le pidiera que no se fuera?
–¡Pero por Dios bendito! –exclamé. ¡No se da cuenta de que me está matando con estas cosas! ¡Estoy harto de sufrir y echarme en cara mi infelicidad! ¿Qué ganamos, que gana usted con estas cosas? ¡No, basta ya! ¿Sabe usted – agregué adelantándome– lo que usted me dijo aquella última noche de su enfermedad? ¿Quiere que se lo diga? ¿Quiere?
Quedó inmóvil, toda ojos.
–SÃ, dÃgame…
–¡Bueno! Usted me dijo, y maldita sea la noche en que lo oÃ, usted me dijo bien claro esto: Y–cuan–do–no–ten–ga–más–de–li–rio, ¿me–que–rrás–to–da–vÖ a? Usted tenÃa delirio aún, ya lo sé… ¿Pero qué quiere que haga yo ahora? ¿Quedarme aquÃ, a su lado, desangrándome vivo con su modo de ser, porque la quiero como un idiota…? Esto es bien claro también ¿eh? ¡Ah! ¡Le aseguro que no es vida la que llevo! ¡No, no es vida!
Y apoyé la frente en los vidrios, deshecho, sintiendo que después de lo que habÃa dicho, mi vida se derrumbaba para siempre jamás.