Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte Pero era menester concluir, y me volvÃ: Ella estaba a mi lado, y en sus ojos – como en un relámpago, de felicidad esta vez– vi en sus ojos resplandecer, marearse, sollozar, la luz de húmeda dicha que creÃa muerta ya.
–¡MarÃa Elvira! –grité, creo– ¡Mi amor querido! ¡Mi alma adorada!
Y ella, en silenciosas lágrimas de tormento concluido, vencida, entregada, dichosa, habÃa hallado por fin sobre mi pecho postura cómoda a su cabeza.
Y nada más. ¿Habrá cosa más sencilla que todo esto? Yo he sufrido, es bien posible, llorado, aullado de dolor; debo creerlo porque asà lo he escrito. ¡Pero qué endiabladamente lejos está todo eso! Y tanto más lejos porque –y aquà está lo más gracioso de esta nuestra historia– ella está aquÃ, a mi lado, leyendo con la cabeza sobre la lapicera lo que escribo. Ha protestado, bien se ve, ante no pocas observaciones mÃas; pero en honor del arte literario en que nos hemos engolfado con tanta frescura, se resigna como buena esposa. Por lo demás, ella cree conmigo que la impresión general de la narración, reconstruida por etapas, es un reflejo bastante acertado de lo que pasó, sentimos y sufrimos. Lo cual, para obra de un ingeniero, no está del todo mal.