Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte —¿E irás todas las noches a visitarme?
Mientras cambiábamos asà nuestras promesas oÃamos los alaridos de mamá que debÃan ser violentos, pero que nos llegaban con una sonoridad inerte y sin eco, como si no pudieran traspasar en más de un metro el ambiente que rodeaba a mamá.
Volvimos de nuevo la vista a la agitación de la pieza. Llevaban por fin nuestros cadáveres, y debÃa de haber transcurrido un largo tiempo desde nuestra muerte, pues pudimos notar que tanto Luis como yo tenÃamos ya las articulaciones muy duras y los dedos muy rÃgidos. Nuestros cadáveres… ¿Dónde pasaba eso? ¿En verdad habÃa habido algo de nuestra vida, nuestra ternura, en aquellos dos pesadÃsimos cuerpos que bajaban por las escaleras, amenazando hacer rodar a todos con ellos?
¡Muertos! ¡Qué absurdo! Lo que habÃa vivido en nosotros, más fuerte que la vida misma, continuaba viviendo con todas las esperanzas de un eterno amor. Antes… no habÃa podido asomarme siquiera a la puerta para verlo; ahora hablarÃa regularmente con él, pues irÃa a casa como novio mÃo.
—¿Desde cuándo irás a visitarme?—le pregunté.
—Mañana—repuso él—. Dejemos pasar hoy.
—¿Por qué mañana?—pregunté angustiada—. ¿No es lo mismo hoy? ¡Ven esta noche, Luis! ¡Tengo tantos deseos de estar a solas contigo en la sala!