Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte En efecto, la agitación de las gentes, muy viva desde unos minutos antes, se acentuaba con la entrada en la sala de un nuevo ataúd. Nuevas personas, no vistas aún allÃ, lo acompañaban.
—Soy yo—dijo Luis con ligera sorpresa—. Vienen también mis hermanas
—¡Mira, Luis!—observé yo—. Ponen nuestros cadáveres en el mismo cajón … Como estábamos al morir.
—Como debÃamos estar siempre—agregó él—. Y fijando los ojos por largo rato en el rostro excavado de dolor de sus hermanas:
—Pobres chicas… —murmuró con grave ternura. Yo me estreché a él, ganada a mi vez por el homenaje tardÃo, pero sangriento de expiación, que venciendo quién sabe qué dificultades, nos hacÃan mis padres enterrándonos juntos.
Enterrándonos… ¡Qué locura! Los amantes que se han suicidado sobre una cama de hotel, puros de cuerpo y alma, viven siempre. Nada nos ligaba a aquellos dos frÃos y duros cuerpos, ya sin nombre, en que la vida se habÃa roto de dolor. Y a pesar de todo, sin embargo, nos habÃan sido demasiado queridos en otra existencia para que no depusiéramos una larga mirada llena de recuerdos sobre aquellos dos cadavéricos fantasmas de un amor.