Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte —También ellos—dijo mi amado—estarán eternamente juntos.
—Pero yo estoy contigo—murmuré yo, alzando a él mis ojos, feliz. Y nos olvidamos otra vez de todo.
Durante tres meses—prosiguió la voz—vivà en plena dicha. Mi novio me visitaba dos veces por semana. Llegaba a las nueve en punto, sin que una sola noche se hubiera retrasado un solo segundo, y sin que una sola vez hubiera yo dejado de ir a recibirlo a la puerta. Para retirarse no siempre observaba mi novio igual puntualidad. Las once y media, aun las doce sonaron a veces, sin que él se decidiera a soltarme las manos, y sin que lograra yo arrancar mi mirada de la suya. Se iba por fin, y yo quedaba dichosamente rendida, paseándome por la sala con la cara apoyada en la palma de la mano.
Durante el dÃa acortaba las horas pensando en él. Iba y venÃa de un cuarto a otro, asistiendo sin interés alguno al movimiento de mi familia, aunque alguna vez me detuve en la puerta del comedor a contemplar el hosco dolor de mamá, que rompÃa a veces en desesperados sollozos ante el sitio vacÃo de la mesa donde se habÃa sentado su hija menor.