Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte Yo vivÃa —sobrevivÃa—, lo he repetido, por el amor y para el amor. Fuera de él, de mi amado, de su presencia de su recuerdo, todo actuaba para mà en un mundo aparte. Y aun encontrándome inmediata a mi familia, entre ella y yo se abrÃa un abismo invisible y transparente, que nos separaba a mil leguas.
SalÃamos también de noche. Luis y yo, como novios oficiales que éramos. No existe paseo que no hayamos recorrido juntos, ni crepúsculo en que no hayamos deslizado nuestro idilio. De noche, cuando habÃa luna y la temperatura era dulce, gustábamos de extender nuestros paseos hasta las afueras de la ciudad, donde nos sentÃamos más libres, más puros y más amantes.
Una de esas noches, como nuestros pasos nos hubieran llevado a la vista del cementerio, sentimos curiosidad de ver el sitio en que yacÃa bajo tierra lo que habÃamos sido. Entramos en el vasto recinto y nos detuvimos ante un trozo de tierra sombrÃa, donde brillaba una lápida de mármol. Ostentaba nuestros dos solos nombres, y debajo la fecha de nuestra muerte; nada más.
—Como recuerdo de nosotros—observó Luis—no puede ser más breve. Asà y todo—añadió después de una pausa—, encierra más lágrimas y remordimientos que muchos largos epitafios.
Dijo, y quedamos otra vez callados.