Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte Yo era uno de esos gases. Ahora puedo erguirme sólo, sin ayuda de nadie, hasta las más altas nubes. Y si yo fuera hombre de extender las manos y bendecir, todas las cosas y el despertar de la vida proseguirÃan su rutina iluminada, pero impregnadas de mÃ: ¡Tan fuerte es la expansión de la mente en un hombre de verdad!
Desde esta altura y esta perfección radial me acuerdo de mis miserias y colapsos que me mantenÃan a ras de tierra, como un gas. ¿Cómo pudo esta firme carne mÃa y esta insolente plenitud de contemplar, albergar tales incertidumbres, sordideces, manÃas y asfixias por falta de aire?
Miro alrededor, y estoy solo, seguro, musical y riente de mi armónico existir. La vida, pesadÃsima tractora y furgón al mismo tiempo, ofrece estos fenómenos: una locomotora se yergue de pronto sobre sus ruedas traseras y se halla a la luz del sol. ¡De todos lados! ¡Bien erguida y al sol. ¡Cuán poco se necesita a veces para decidir de un destino: a la altura henchida, tranquila y eficiente, o a ras del suelo como un gas!
Yo fui ese gas. Ahora soy lo que soy, y vuelvo a casa despacio y maravillado.
He tomado el café con mi hija en las rodillas, y en una actitud que ha sorprendido a mi mujer.
—Hace tiempo que no te veÃa as×me dice con su voz seria y triste.