Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte Me lanzo otra vez al suelo. —¡Fogonero maniatado! —le grito a través de su mordaza—. ¡Amigo! ¿Usted nunca vio un hombre que se vuelve loco? Aquà está: ¡Prrrrr! …
«Porque usted es un hombre de calma, le confiamos el tren. ¡Ojo a la trocha 4004! Gato». Asà dijo el jefe.
—¡Fogonero! ¡Vamos a palear de firme, y nos comeremos la trocha 29000000003!
Suelto la mano de la llave y me veo otra vez, oscuro e insignificante, conduciendo mi tren. Las tremendas sacudidas de la locomotora me punzan el cerebro: estamos pasando el empalme 3.
Surgen entonces ante mis pestañas mismas las palabras del psiquiatra:
«… las actitudes fácilmente imaginables en que podrÃa incurrir un maquinista alienado que conduce su tren»…