Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte Pasaron dos dÃas. El campo continuaba desolado de lluvia y tristeza, mientras el número de perros rabiosos aumentaba. Como no se podÃa exponer a los chicos a un terrible tropiezo en los caminos infestados, la escuela se cerró; y la carretera, ya sin tráfico, privada de este modo de la bulla escolar que animaba su soledad a las siete y a las doce, adquirió lúgubre silencio.
Mamá no se atrevÃa a dar un paso fuera del patio. Al menor ladrido miraba sobresaltada hacia la portera, y apenas anochecÃa, veÃa avanzar por entre el pasto ojos fosforescentes. Concluida la cena se encerraba en su cuarto, el oÃdo atento al más hipotético aullido.
Hasta que la tercera noche me desperté, muy tarde ya: tenÃa la impresión de haber oÃdo un grito, pero no podÃa precisar la sensación. Esperé un rato. Y de pronto un aullido corto, metálico, de atroz sufrimiento, tembló bajo el corredor.
—¡Federico! —oà la voz traspasada de emoción de mamá— ¿sentiste?
—Sà —respondÃ, deslizándome de la cama. Pero ella oyó el ruido.
—¡Por Dios, es un perro rabioso! ¡Federico, no salgas, por Dios! ¡Juana! ¡pile a tu marido que no salga! —clamó desesperada, dirigiéndose a mi mujer.