Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte A las diez de la noche, Lidia llegó corriendo a la pieza de Nébel.
–¡Octavio! ¡Mamá se muere!…
Corrieron al cuarto de la enferma. Una intensa palidez cadaverizaba ya el rostro. TenÃa los labios desmesuradamente hinchados y azules, y por entre ellos se escapaba un remedo de palabra, gutural y a boca llena:
–Pla… pla… pla…
Nébel vio enseguida sobre el velador el frasco de morfina, casi vacÃo.
–¡Es claro, se muere! ¿Quién le ha dado esto? –preguntó
–¡No sé, Octavio! Hace un rato sentà ruido… Seguramente lo fue a buscar a tu cuarto cuando no estabas… ¡Mamá, pobre mamá! –cayó sollozando sobre el miserable brazo que pendÃa hasta el piso.
Nébel la pulsó; el corazón no daba más, y la temperatura caÃa. Al rato los labios callaron su pla… pla, y en la piel aparecieron grandes manchas violetas.
A la una de la mañana murió. Esa tarde, tras el entierro, Nébel esperó que Lidia concluyera de vestirse mientras los peones cargaban las valijas en el carruaje.
–Toma esto –le dijo cuando ella estuvo a su lado, tendiéndole un cheque de diez mil pesos.